Saltar al contenido

Colaboraciones con los curadores Romina Resuche e Ignacio Smulewicz

Facebook
Twitter
WhatsApp
Compartir:

Esta entrada reúne dos textos producidos junto a curadores invitados y publicados en revistas de distintos contextos latinoamericanos, prolongando un tejido de diálogos y conexiones que atraviesa disciplinas y geografías.

Las colaboraciones se realizaron junto a la curadora argentina Romina Resuche y el historiador del arte y curador chileno Ignacio Smulewicz, y fueron publicadas en las revistas La Raza Cómica (Chile) y Chiquilla Te Quiero (México). Estos trabajos forman parte de un interés por activar redes de intercambio en torno a los archivos, las prácticas curatoriales y la producción colectiva de conocimiento.

Romina Resuche (Argentina, 1975) es curadora, periodista y artífice de la plataforma Archivo y Activaciones, desde donde gestiona programas, seminarios online, talleres, residencias y otras instancias de encuentro para la creación e investigación en torno a los archivos: sus usos y desusos, sus distintas formas, formatos y posibles activaciones.

Ignacio Smulewicz (Puerto Varas, 1986) es historiador del arte y candidato a doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha publicado los libros Mariana Matthews. Antología Fotográfica (Ediciones Universidad Austral de Chile, 2025), Arte, Ciudad y Esfera Pública en Chile (2015) y Fuera del Cubo Blanco (2012), ambos con la editorial Metales Pesados. Fue coordinador del Centro de Documentación de las Artes Visuales del Centro Nacional de Arte Contemporáneo entre 2017 y 2020. Actualmente se desempeña como académico de la Universidad Católica de Temuco y la Universidad de Chile, además de colaborar como crítico de arte en las revistas La PaneraArtforum y Art Nexus.

Activar archivos: un diálogo con Romina Resuche

«El archivo para nosotras es verbo, es acción, es llenar espacios de silencio, es excavar, documentar, mediar, invocar, hacer talleres, entrevistas, encuentros, crear exposiciones, publicaciones, videos y contenidos. Apostamos a que lo más significativo es que los archivos se activan al relacionarse con las artes, y viceversa».

Estas palabras las leímos en voz alta en 2021, durante el seminario Archivos del Común IV en el Museo Reina Sofía. Eran una forma de reflexionar sobre nuestra práctica en el colectivo Arde, una ruta que venimos trazando desde 2017.

Hoy, esa idea de activar el archivo continúa siendo uno de nuestros principios fundamentales: no solo recolectar y preservar, sino también preguntarnos cómo despertar conversaciones, construir comunidad y generar vínculos con el presente.

Bajo esa premisa nace Activa y Archiva, un proyecto con el que buscamos profundizar en estas formas de trabajo. Durante 2025 desarrollamos colaboraciones con artistas, investigadorxs y personas vinculadas al mundo de los archivos. Así llegamos a la curadora argentina Romina Resuche, gestora de la plataforma Archivo y Activaciones, a quien invitamos a escribir un texto para pensar algunas preguntas clave: ¿qué hay detrás del gesto de “activar el archivo”? ¿Por qué los archivos parecen hoy más vinculados al presente que al pasado?

La invitación fue intentar poner en palabras aquello que ambas venimos practicando desde nuestros respectivos proyectos, a uno y otro lado de la cordillera.

🔍 Seguir leyendo en La Raza Cómica

El dilema ético de los archivos. Hacia los 10 años del proyecto Arde

Las tres pulsiones del archivo

Archivar es un acto de amor.
En su ejercicio se expresa una pulsión emocional hacia las huellas del pasado. Se las sostiene con el cuidado de quien reconoce en esos frágiles vestigios el cálido aroma de vidas anteriores. Su dimensión material supone para los sentidos lo que la trementina para los pintores: una adicción. El olor de papeles envejecidos que perdieron su blancura, la visión de huellas dactilares sobre fotografías, la resistencia de clips o cintas adhesivas a cualquier movimiento brusco. Los secretos que resguardan se parecen a especies desconocidas para botánicos o biólogos marinos: cartas sin remitente, negativos sin ampliar, manuscritos de caligrafías indescifrables y de incalculable valor.

Archivar es un trabajo.
Al catalogar las fuentes se construye un metadato relevante y necesario. Gestionar archivos implica pensar en su usabilidad a largo plazo, hacerlos accesibles a investigadorxs situados en distintas partes del mundo que buscan crear nuevas imágenes para el mañana. La labor archivística supone entrar en el lugar de los hechos como quien realiza una excavación arqueológica: mapeando centímetro a centímetro para recabar la mayor cantidad de información posible, aquella que las tormentas del tiempo decidieron enterrar o evaporar.

Archivar es emitir un suspiro de esperanza.
En la organización de los archivos se compromete una fuerza que excede cualquier racionalidad. Se asume que existe algo por descifrar: una duda persistente, un misterio, una pregunta abierta. Quien navega por kárdex o archivadores lo hace suponiendo que ciertas respuestas yacen aún en el baúl de los recuerdos, en las cajas de Pandora, en los museos de objetos olvidados. En los archivos se aguarda, todavía, una revelación.

🔍 Seguir leyendo en Chiquilla Te Quiero