¿Dónde van a parar las historias que contamos sobre nuestras abuelas? ¿Qué pasa con la memoria de aquellas mujeres que sostienen el mundo desde lo doméstico, pero que la gran Historia decide ignorar?
Para Lenta Colectiva, la respuesta está en el archivo. Conformado por Daniela Veliz Carbullanca, Laura Flores Moraga y Fabiana Caballero Talavera, este colectivo busca reivindicar la pausa y la microhistoria a través de su proyecto Cuéntame de tu abuela. En esta entrevista, nos adentramos en su búsqueda, que cruza la técnica archivística con la memoria oral, demostrando el valor documental de los afectos y de las historias mínimas.
Conocí a Lenta Colectiva cuando trabajamos juntas en el material Un pequeño archivo sobre mi abuela, que puede consultarse y descargarse aquí. Daniela, Laura y Fabiana están ligadas a las artes visuales y al diseño, a los archivos y a las publicaciones, y cada una desarrolla proyectos hermosos y muy sensibles. Por ejemplo, Daniela investiga sobre su apellido materno en Archivo Azul: Carbullanca / Kallfüllanka; Laura aborda el duelo por su abuela a través de textos e imágenes en el fotolibro Cariátide; y Fabiana reflexiona sobre el paso del tiempo y la construcción del yo mediante textos y dibujos en el poemario La niña del archivo.
Tras crear el material en conjunto, las quise entrevistar para seguir desentrañando la figura de la abuela como portadora de memoria y para entender cómo nos conecta con los archivos y los afectos.
Aquí les comparto nuestra conversación.
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Katha (K): Podrían presentarse y contarnos brevemente cómo nace el colectivo ¿cuándo se juntaron y qué las motivó a hacerlo?
Daniela (D): Somos Lenta Colectiva. Siempre nos nombramos de norte a sur: Fabiana Caballero Talavera de Lima, Perú; Laura Flores Moraga de Quilpué, Chile; y yo, Daniela Véliz Carbullanca, que vivo en Santiago de Chile. Nos conformamos como colectivo el año 2022, cuando nos conocimos en el diplomado en Gestión de archivos y colecciones patrimoniales de las artes de la Universidad Católica de Chile. El diplomado fue en formato virtual por la pandemia y empezamos a hacer los trabajos juntas; fuimos primero grupo de trabajo y el colectivo vino después. Nuestra primera propuesta fue en torno a las abuelas: crear postales contando sus historias.





Laura (L): En ese momento el proyecto no se llamaba Cuéntame de tu abuela, ese nombre vino después. Primero fue ¿Quién es/fue tu abuela? y tenía una salida relacionada al arte postal. Era una idea de poner a viajar a las abuelas. Por ejemplo, en mi caso, mi abuela paterna, que es quien me motivó a desarrollar este proyecto, nunca salió de Chile, ni siquiera sé si salió de la Región de Valparaíso. Entonces, a través de las cartas, existía la posibilidad de que ella pudiera viajar, al igual que muchas mujeres que se establecieron en un lugar y no salieron de ahí. Ese era el concepto de trabajo para el diplomado: arte postal. Después mutó a este proyecto digital.
Fabiana (F): Fue una convocatoria lo primero que pensamos, pero en lugar de que nos mandaran los documentos de manera digital, iba a ser todo físico.
D: Claro, fue una propuesta para un curso con Alejandra Wolff; la idea era unir archivos con un sistema expositivo. Después, en un módulo con Rodrigo Sandoval, tuvimos que simular que postulábamos a un Fondo del Patrimonio, y eso nos permitió generar la base del proyecto. Entonces, el colectivo se inició, sin saberlo, en el diplomado. Llegamos a las abuelas porque empezamos a pensar en un punto en común… piensa que no nos conocíamos, de hecho aún no conocemos a Fabi en persona. Y las tres hablábamos de nuestras abuelas siempre. La figura de la abuela era muy importante para las tres en lo cotidiano, en lo profundo y en las salidas creativas que tiene cada una. Además, nos dimos cuenta de que todas tenemos un asunto con el tiempo, con este sistema de producción tan acelerado, inmediato y superficial. Algo que siempre intentamos reivindicar es la pausa, el valor de la lentitud, ese trabajo más profundo y detallado; por eso el nombre del grupo. Vamos de a poco, pero constante.
K: Además de ser un punto en común ¿por qué eligieron trabajar con la figura de la abuela como eje de su práctica? ¿Qué les parece poderoso de esa figura?
L: Era un poco llevar la contraria al archivo custodial, a esta tradición del archivo que releva la figura heroica, la que se destaca, o las grandes historias; queríamos llevarlo a las historias pequeñas, a las historias minúsculas. Empezamos a trabajar con bibliografía —la Fabi también nos compartía textos poéticos, ella estudió literatura, así que ahí hay harta enjundia— y también por una cuestión personal de cada una de reivindicar a nuestras abuelas en contraposición a la figura masculina. En mi caso, mi abuelo tenía una vida súper externa, hacia afuera, y mi abuela una vida súper doméstica, ligada a la casa. Entonces, ¿por qué no puedo hablar de mi abuela que para mí fue muy importante? Quizás no para la «gran historia», pero sí para la microhistoria, para responder a un contexto social. Viene de ahí, del valor de la microhistoria.

F: Mientras hacías la pregunta, Katha, yo apunté: minúsculo, potencia, pequeño y cariátide. Eso de «cariátide» me lo enseñó Lau con su publicación sobre su abuela. Creo que tiene que ver con esta idea de la microhistoria, de lo pequeño, lo minúsculo, que no es negativo ni menos importante. Por eso también apunté resistencia y potencia. Está ahí, pero no siempre se le ha tomado la importancia debida; no significa que no existe, sino que está en latencia.
D: Existe una necesidad de documentar estas pequeñas historias. Suele pasar que, cuando uno cuenta de su abuela, siempre son narraciones orales; es muy cotidiano compartir con otras personas y decir «mi abuela era así, hacía esto o decía esto». Son conversaciones muy comunes. Entonces siempre pensamos: ¿a dónde se va todo eso que se habla?, ¿en qué queda? Por eso la necesidad de documentarlo, en nuestro caso, a través de herramientas archivísticas. ¿Cómo documentamos a quienes han sido nuestras abuelas y a las abuelas de otros nietos de Latinoamérica? A través de este sistema con imágenes y relatos. Para mí esa es la fuerza que tiene: poder documentar sistemáticamente, con un orden.
K: En su trabajo hay una reivindicación de las memorias domésticas, familiares y cotidianas. ¿Por qué creen que es importante darles valor y espacio dentro de los archivos y las prácticas artísticas?
D: Es la necesidad de documentar sistemáticamente historias que son efímeras, instantáneas, pequeñas; historias cotidianas al interior de una familia y de una casa. ¿Cómo le damos valor para que otros las conozcan? El concepto de historias minúsculas lo tomamos de un texto sobre archivos personales que se llama “La familia Berman-Rodríguez. Exploración de los problemas, límites y potencialidades de un archivo personal/familiar”. Ahí se habla de las historias minúsculas y de las personas minúsculas, personas comunes y corrientes.
L: Personas minúsculas, ese es otro punto en común que tenemos las tres: somos bajitas de estatura, casi medimos lo mismo, entonces nos hizo mucho sentido ese concepto (risas). Al final, estas vidas domésticas son las que sostienen lo externo, el capital, el mundo. Todo el sistema del trabajo se sostiene gracias a que hay alguien cuidando lo pequeño, como decía un texto de Ana Franco Ortuño sobre la importancia de las labores cotidianas.

F: Estos textos plantean que la mayoría de las personas en el mundo somos cotidianas, ordinarias, y en eso hay algo que disputar. Me acordé de la historia de una chica que pertenecía a una orquesta; ella era el segundo violín y la gente la animaba o la cuestionaba por no ser el primer violín. Tenemos muy enraizada esa mentalidad de ser el primero, al punto de que, si no lo eres, parece que lo que haces no vale. Y esta chica decía: «No, a mí me encanta ser el segundo violín, no quiero ser el primero». Ella elige dónde estar y reconoce la importancia del segundo violín para sostener al primero. Acá encontré un fragmento de este texto de Grace S.Richmond que se publicó originalmente en 1906 y dice: «No siempre era fácil tocar el segundo violín, pues el primer violín tenía voluntad propia, y la armonía entre ellos a veces era apenas más que una tregua. Pero Charlotte, con paciencia y humor, aprendió el arte del segundo violín: no el de liderar, sino el de sostener, el de llenar los silencios, el de mantener viva la melodía cuando esta flaqueaba.»
D: Otro aspecto importante del proyecto es la participación de las nietas y nietos en el sistema que armamos. Las descripciones de los documentos sobre las abuelas las hacen ellos. El relato del objeto o lugar asociado a la abuela, también. En un archivo común o tradicional, el archivero es quien tiene el poder de describir esa unidad documental. Sin embargo, acá es el mismo nieto o nieta quien describe. Eso es muy bonito porque entrega el poder a quien le pertenece el documento. Es importante destacar que no es la descripción de las abuelas en sí mismas, sino que es la imagen de las abuelas en las nietas. Podría pensarse que mi abuela estaría en desacuerdo con cómo yo la pienso o hablo de ella, pero es mi imagen de mi abuela. Esa abuela es muchas otras cosas, hay cosas que uno desconoce.
K: ¿Qué proyectos les gustaría sumar o explorar en el futuro?
L: Hicimos nuestra primera postulación a los fondos de cultura, porque Cuéntame de tu abuela fue un proyecto autofinanciado. Quisimos postular para desarrollar una curatoría de los relatos de abuelas que hemos recopilado y llevarlos al formato podcast. Queremos trasladar este archivo al soporte sonoro, incorporando la descripción de las imágenes y la autoría de nietas y nietos. La idea es que los relatos sean narrados en voz alta para devolver esta oralidad en la que se basa el proyecto.
D: Invitamos a una música y productora musical para trabajar el diseño sonoro. Es muy importante que los relatos tengan esa dimensión oral, porque es de donde provienen estas historias y conversaciones sobre las abuelas; están sostenidas en la oralidad. Devolverlas a ese formato es fundamental.
K: ¿Hay otros proyectos, colectivos o artistas que trabajen con las abuelas y con archivos personales que les inspiren o con los que se sientan en diálogo?
D: Me inspiró mucho, para la metodología de este proyecto, Sophie Calle. Toda su obra y metodología consiste en desmenuzar las historias a través de fotografías, textos y videos. Eso me inspira mucho en mi trabajo: cómo abordar las historias y cómo comunicarlas con una salida artística.
F: A mí me gusta mucho hacer fanzines y publicaciones, y para el primer fanzine que saqué me inspiré justamente en Sophie Calle, en Take Care of Yourself. Rescato muchas cosas de ella, justo hoy pensé en ella (risas). Me gusta que toca temas personales, emocionales, temas pequeños; esa obra, por ejemplo, parte de una ruptura amorosa. De vez en cuando me pasa que, cuando investigo, parto de mi propia experiencia para luego dar pie a cuestiones más colectivas, pero me invade siempre esa sensación de «¿a quién le importa?, ¿por qué estoy hablando de esto tan personal o pequeño?». Ahí me acuerdo de Sophie Calle y digo: claro, ella trabaja con estas cuestiones personales-pequeñas… lo íntimo y lo éxtimo, cuando algo es tan íntimo que llega a ser compartido y resuena en lo colectivo.
L: En lo personal, cuando desarrollé el proyecto Cariátide —que estaba haciendo en paralelo a este proyecto— no me inspiré en otros artistas, sino que tenía una urgencia de hablar sobre este tema. El libro surgió a partir de talleres de escritura. De hecho, me pasaba que en esos talleres recomendaban todo lo contrario: no escribir de lo familiar ni de lo íntimo, sino hablar de otras personas, buscar personajes importantes. Yo me rebelé y decidí hablar de mi abuela. En ese momento no tenía una base teórica ni referentes artísticos en torno al archivo familiar; con el tiempo, las chiquillas me han ido nutriendo con otras referencias. En nuestra web tenemos una sección de recomendados que funciona como repositorio, donde compartimos trabajos relacionados a la figura de la abuela: artistas visuales, poemas, textos, obras de teatro, documentales, etc.
K: Desde su experiencia, ¿qué rol creen que deberíamos asumir quienes trabajamos en colectivos o proyectos que archivan desde lo afectivo y comunitario? ¿Qué tipo de cuidado o responsabilidad implica hacerlo?
L: Se me ocurre esta palabra súper en boga que es la «visibilización». Nosotras hacemos esta convocatoria que viene de una urgencia personal y se expande hacia lo colectivo, pero no basta con recopilar y dejarlo ahí; hay que activar este contenido, mostrarlo, motivar a más personas a repetir el ejercicio.
D:. Creo que es muy importante que quienes sabemos de archivo, o que trabajamos en y con archivos, usemos las herramientas técnicas propias de la archivística. Estas suelen ser muy cuadradas, pensadas para archivos administrativos, pero ante toda esta oleada de archivos personales y de autor, uno tiene que acomodarlas. Existe un boom del concepto de archivo; en las artes se habla mucho sobre el «uso de archivo», pero hay un sobreuso de la palabra: se llama archivo a cosas que son colecciones, conjuntos o repeticiones, pero no necesariamente archivos. Para nosotras, que tenemos esta formación, es vital pensar cómo adecuamos ese conocimiento técnico a lo que estamos necesitando: documentar historias íntimas, afectos o lo que piensa o siente una nieta sobre su abuela. ¿Cómo adecuamos eso para que se transmita de forma amable y cálida, y no sea como cualquier otra documentación? Como artista visual puedo documentar, pero como archivera tengo herramientas específicas. En Cuéntame de tu abuela usamos las normas ISAAR (CPF) e ISAD(G), utilizamos las herramientas y las flexibilizamos para sistematizar y dar orden a todas estas historias.

F: La perspectiva postcustodial está ahí. Los archivistas no son máquinas; si bien hay una técnica, también se puede flexibilizar y adecuar, eso es parte de un trabajo creativo. Para mí la archivística llega a ser bastante creativa en ese sentido. He estado revisando colecciones de mujeres y he notado que, al no contar con un modo de trabajo sistematizado, se han perdido documentos o se ha invisibilizado a ciertas personas. Finalmente, la archivística es la herramienta técnica que permite ofrecer las mejores condiciones posibles para activar documentos y evitar que se pierdan. Es una cuestión ética: cómo dar espacio en estas herramientas o técnicas para que entre lo afectivo y estas otras historias.
K: Me resuena mucho lo que comentan con algo que nos pasó en el proyecto Huellas Mujeres, que desarrollamos en Arde en 2022. Allí creamos colecciones de creadoras escénicas, y en el caso de la bailarina Ana María Cabello surgió la necesidad de integrar en la metadata que fue su padre, ya fallecido, quien resguardó todas las fotos y materiales que hoy conforman su colección digital. Sin ese gesto amoroso y archivístico de su papá, ella no hubiese tenido registro de los inicios de su trayectoria en la danza. Por eso incorporamos esa información en la descripción de los documentos: apareció una necesidad afectiva de la que debíamos hacernos cargo como archiveras.
D: Claro, y en nuestro caso, que sean las mismas nietas las que describen los documentos es fundamental. Es la fuente primaria.
K: Totalmente. Es un giro esencial en la práctica archivística, el giro afectivo y comunitario. Muchas gracias a las tres por esta conversación y por compartir sus procesos.
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La práctica de Lenta Colectiva nos motiva a seguir pensando en la figura de las abuelas como sujetos fundamentales en la construcción de memorias. Además, nos recuerda que la labor archivística puede ser, también, una práctica profundamente creativa y afectiva. Les invitamos a seguir este proyecto y a estar atentxs a las futuras colaboraciones que puedan emerger entre ambas colectivas: Arde y Lenta.
*Agradecemos a Lenta Colectiva por las imágenes que acompañan este texto. La imagen de la portada es una composición del fotolibro Cariátide de Laura Flores Moraga.
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