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La antropología es una forma de ser

Farah Hallaba sobre cómo tender puentes entre lo académico y la comunidad a través de la investigación participativa.

Al igual que yo, Farah Hallaba es una convertida a la antropología, como menciono en tono de broma cuando nos reunimos para tomar un café en Zamalek, un distrito acomodado pero de aire bohemio, en una isla artificial sobre el río Nilo en El Cairo, Egipto. Farah es una activista, artista y antropóloga radicada en El Cairo, además de la fuerza creativa detrás de Anthropology Bel3Araby (Antropología en árabe), una plataforma cultural que busca hacer que el conocimiento antropológico sea público y accesible para una audiencia de habla árabe. Su naturaleza polifacética orienta su trabajo hacia una antropología comprometida: una antropología que colabora activamente para co-crear conocimiento a través de investigaciones participativas en contacto directo con la comunidad, y se dedica a compartir las perspectivas antropológicas con un público más amplio. Este enfoque le ha permitido explorar temas cercanos a su propia experiencia que a menudo están subrepresentados, como la migración egipcia a la región del Golfo, donde creció, o el significado de la clase media y la identidad de clase en el mundo árabe.

Nuestro encuentro, organizado en el marco del programa For Us, With Us, By Us – لنا، عنّا، معنا (FUWUBU), se siente casi predestinado. Ambas compartimos la idea de que la antropología no es solo una disciplina, sino un marco desde el cual podemos interpretar, relacionarnos e influir en el mundo que nos rodea. Para nosotras, la antropología se extiende más allá de los límites de la investigación académica: es una herramienta para el activismo, la construcción de comunidad y la narración de historias (storytelling). En los tres meses previos a nuestra reunión, este ciclo de conversaciones —tanto virtuales como presenciales— reunió a agentes culturales del Sudoeste de Asia y el Norte de África (SWANA) para debatir sobre las complejidades de las identidades y prácticas transnacionales.

Esta colaboración con FUWUBU me llevó a El Cairo en mayo de 2023, como parte del equipo de Futuress, junto con otros participantes, para una serie de talleres, conferencias y actividades públicas. Como alguien que también llegó a la antropología por una vía no tradicional, la integración que hace Farah de la antropología visual y comprometida, junto con su dedicación a la educación pública, resonó profundamente en mí. Mientras que la antropología suele quedar atrapada en los rígidos confines de las torres de marfil académicas, la perspectiva de Farah se esfuerza por abrirla y superar estas barreras institucionales a través de talleres de investigación colaborativa y narración multimodal para hacerla más cercana a un público más amplio. Con la misión de Anthropology Bel3Araby y Futuress convergiendo en su deseo de hacer el conocimiento más accesible y democrático, y dada mi trayectoria personal como antropóloga en formación, sentí la urgente necesidad de profundizar en el enfoque de Farah sobre el compromiso público y la educación cultural.

Maya Ober (M): Iniciaste Anthropology Bel3Araby en 2019, mientras cursabas una Maestría en Antropología Social y Visual en la Universidad de Kent, Reino Unido. ¿Qué te impulsó a desarrollar esta plataforma?

Farah Hallaba (F): Yo tengo experiencia en ciencias políticas, así que la antropología era un campo nuevo para mí y el comienzo de mis estudios fue bastante abrumador. Las ciencias políticas, al ser una disciplina popular, contaba con recursos y materiales educativos muy abundantes, incluidos tutoriales o animaciones atractivas en YouTube. Por el contrario, los recursos antropológicos eran escasos, y la mayoría consistían en largas conferencias de viejos hombres blancos en inglés… nada en árabe, nada realmente estimulante. Esta brecha me hizo repensar mi proceso de aprendizaje.

Frecuentemente me preguntaban: ¿qué es la antropología? y yo misma no estaba del todo segura, ya que puede abarcar muchísimas cosas. La antropología también puede ser algo que la gente puede practicar incluso sin tener un título en la materia; es una forma de ver el mundo, una manera de ser, porque realmente se vincula con la vida cotidiana. Yo quería desmitificarla y hacerla cercana a las experiencias diarias de las personas. Empecé a tomar apuntes durante las clases de la universidad, pensando en convertirlos en episodios. Y, así, inicié una serie de videos en árabe intentando explicar conceptos antropológicos de una manera que alguien como mi tía pudiera entender. Esta fue mi manera de procesar el conocimiento y compartirlo con una audiencia más amplia, haciéndolo más accesible. Además, recibía comentarios y se iniciaban conversaciones a través de las reacciones que la gente dejaba en los videos. Luego, este proyecto dio un giro inesperado cuando, además de crear videos, también comencé a organizar talleres para debatir temas relevantes para mi comunidad, lo que más tarde se convirtió en mi tesis de maestría.

M: ¿Y en qué te enfocaste?

F: El proyecto se centró en la clase media egipcia, particularmente en cómo se construye y reinterpreta la identidad de clase. Exploró las complejidades de lo que comúnmente denominamos «la clase media», una categoría que es fluida y está abierta a cuestionamientos. En Egipto, una gran diversidad de personas, a menudo con diferentes niveles de capital cultural, económico y social, se identifica como clase media. Busqué desentrañar esta etiqueta, analizando cómo se construye, se ficcionaliza y se percibe la clase socioeconómica. El taller fue diseñado para ser conversacional, con participantes que daban forma a las preguntas y contribuían al estudio con narrativas familiares personales.

M: Entonces, ¿básicamente llevaste la antropología a casa?

F: Precisamente. Fue tanto una exploración de la antropología como del concepto de hogar. Este enfoque resultó particularmente efectivo durante la pandemia de COVID-19. En mi primer año en la universidad, recibimos formación para prepararnos para el trabajo de campo, un método fundamental de la investigación antropológica que implica pasar periodos prolongados de inmersión en la comunidad o el entorno que un antropólogo está estudiando.

Entonces llegó la pandemia y se impusieron restricciones de viaje, así que tuvimos que realizar el trabajo de campo de manera remota. La pandemia reflejó, aunque por diferentes razones, las limitaciones del trabajo de campo etnográfico tradicional, que yo ya me mostraba reacia a adoptar. No quería hacer trabajo de campo en lugares drásticamente distintos o «exóticos», y no tenía la confianza que tienen algunos antropólogos blancos. Yo había imaginado desarrollar mi tesis en formato de taller, así que cuando llegó la pandemia y mis colegas tuvieron dificultades para adaptar sus planes de campo, simplemente convertí el mío en un formato virtual. Este fue mi primer taller colaborativo, y luego hice otros después de la pandemia.

M: ¿Cómo convocaste a los participantes de tus talleres? ¿Cómo compartiste el formato y a quién invitaste?

F: Hice una convocatoria abierta en la plataforma Anthropology Bel3Araby, lo que llevó a gestar mi primer taller de antropología visual en Alejandría, Egipto. Esta iniciativa dio origen a una serie de 15 talleres de antropología visual, algunos realizados en mi estudio en El Cairo y otros en línea, lo que permitió una participación más amplia del mundo árabe. Su formato se basa en la discusión y, por lo tanto, depende en gran medida de las diversas historias de los asistentes, por lo que cada sesión resulta única.

A principios de 2022, lancé un proyecto ambicioso titulado «Ser prestado: sobre la migración egipcia al Golfo». Desde febrero hasta abril de 2022, más de quince participantes se reunieron en dos grupos: uno se encontró en el estudio de Anthropology Bel3Araby en Garden City, en el centro de El Cairo, y el otro, en línea. Cada sesión del taller exploró temas como la clase social, las aspiraciones, las dinámicas familiares, el sentido de pertenencia, la estabilidad y la muerte, con especial atención al carácter temporal de la migración. 

Durante los talleres, discutimos de manera crítica nuestras experiencias en la región del Golfo, esforzándonos por dar sentido a nuestras realidades vividas, compartir recuerdos, leer textos académicos y reexaminar la cultura popular de forma autoetnográfica. Juntos, creamos un archivo de fotografías escaneadas, cartas y casetes grabados por nuestros padres y enviados a sus familias en casa, vestigios de una época anterior a las computadoras personales.

Tras meses de reuniones semanales, propuse materializar nuestras ideas e historias en una exposición grupal. Farida Youssef se unió a nosotros como curadora para guiarnos a través del proceso. La exposición resultante fue la primera de su tipo en Egipto en poner el foco en las vidas de los egipcios en el Golfo. Se llevó a cabo en la galería Contemporary Image Collective en el centro de El Cairo y atrajo a más de 4.000 visitantes. La exposición fue diseñada para ser interactiva, convirtiendo a los visitantes en participantes activos del proyecto. Ellos podían interactuar directamente con nosotros, contribuir con sus historias y ofrecer perspectivas, creando un campo de estudio vivo.

M: ¿En qué se diferencia tu trabajo del discurso público y académico típico sobre la migración en Egipto?

F: Gran parte del discurso sobre la migración se centra en los impactos socioeconómicos o en las influencias religiosas, que, si bien son importantes, han sido enfatizados en exceso. La migración egipcia hacia el Golfo comenzó en la década de 1960 y continúa hasta el día de hoy, pero ha habido poco compromiso antropológico con ella. Durante décadas, las mismas narrativas sobre los cambios financieros y religiosos han dominado la conversación, reproduciendo el estereotipo de los hombres que migran al Golfo y se vuelven wahabíes, más ortodoxos en su práctica musulmana. Esta representación de la migración en los medios y la academia generalmente presenta al Golfo simplemente como un telón de fondo para narrativas que pasan por alto las realidades personales y cotidianas de quienes se mudan allí. Nuestro trabajo buscó complejizar esto recopilando relatos diversos, centrándose en las relaciones familiares, los efectos profundos de la pérdida y el concepto de hogar, que a menudo se ignoran en las discusiones dominantes.

El proyecto cuestiona lo que significa vivir en la transitoriedad, el costo psicológico y emocional de mantener una vida temporal, y los impactos de los sueños y las aspiraciones pospuestos. A través de nuestros talleres, exploramos estos temas en profundidad, revelando patrones de recuerdos ausentes y las cargas no expresadas que llevan los migrantes, ofreciendo así una comprensión más matizada de sus vidas y desafíos.

M: ¿Quiénes participaron en tus talleres?

F: Los participantes eran bastante diversos, pero todos compartían una conexión con la migración al Golfo. Algunos, como yo, tienen familiares que aún viven allí. Otros no han estado en el Golfo desde hace mucho tiempo, o la persona que migró era un pariente. El abanico de experiencias aportó perspectivas variadas a nuestras sesiones, enriqueciendo el diálogo y los aprendizajes.

M: Tu trabajo tiene un enfoque notablemente orientado al diseño. ¿Cómo incorporas el diseño en tu práctica antropológica?

F: Absolutamente, hay un componente de diseño significativo en la forma que estructuramos nuestros proyectos. Los talleres no solo sirven como exploraciones académicas, sino también como espacios de creación artística. Hemos descubierto que incorporar elementos visuales y de diseño ayuda a traducir temas antropológicos complejos a formatos más accesibles y tangibles. Esta síntesis de antropología y arte desafía los límites tradicionales y hace que nuestros hallazgos sean más cercanos e impactantes.

Instalación «A Carrier» (Un portador) de Aya Bendary, expuesta en «Being Borrowed: On Egyptian Migration to the Gulf» (Ser prestado: sobre la migración egipcia al Golfo), galería Contemporary Image Collective, El Cairo, Egipto, 2022.

Trabajando de manera colaborativa, nos involucramos en lo que yo llamo «creación artística pedagógicamente productiva». Este proceso comienza en los talleres, pero se extiende a la creación de instalaciones y proyectos visuales. Cada participante contribuye no solo debatiendo y hablando, sino también creando, lo que difumina las fronteras entre artista y antropólogo. Nuestra colaboración abarca todos los aspectos del proyecto, desde la conceptualización hasta el compromiso con el público, asegurando que cada pieza refleje una comprensión profunda y cocreada de los temas tratados.

Además, la identidad visual del proyecto desempeña un papel crucial. No se trata solo de presentar información, sino de invitar a la participación y a la reflexión. Por ejemplo, los elementos de diseño provocaron discusiones e interacciones entre el público que no habrían surgido en presentaciones académicas tradicionales.

M: ¿Cómo se financió el proyecto?

F: Para mantener el control creativo y operativo, decidimos no seguir las vías de financiamiento tradicionales y optamos en su lugar por un enfoque de base para buscar recursos de manera independiente. Ali Zaraay, productor ejecutivo del proyecto, y yo utilizamos nuestros ahorros personales, lo que supuso una carga financiera considerable, pero nos permitió una autonomía significativa que fue crucial para mantener la integridad del proyecto sin las limitaciones que suelen imponer los fondos tradicionales. Aprovechamos nuestros recursos, y los participantes también contribuyeron con sus habilidades y su tiempo, lo que fomentó un fuerte sentido de comunidad, propiedad colectiva y compromiso compartido con el éxito del proyecto. Incluso la producción de nuestras publicaciones, inicialmente encuadernadas a mano y luego impresas profesionalmente, fue un esfuerzo comunitario que representa nuestra ética de creación colaborativa.  

La autonomía para definir nuestra propia narrativa y metodología sin restricciones institucionales es empoderadora. Desafía las normas académicas tradicionales en torno a la autoría y la creación de conocimiento. Nuestro proyecto es profundamente colaborativo, difuminando las líneas entre creador y sujeto, artista y académico. Esta fluidez en los roles y la naturaleza dinámica de la autoría son fundamentales para nuestro enfoque, lo que refleja el carácter inclusivo e innovador del proyecto.

M: También está esta idea de que la autoría es algo fijo. No es algo que se esté creando, negociando y redefiniendo.

F: Exacto, especialmente en la antropología visual y cuando se trabaja en colaboración. La autoría no es una condición estática; es una negociación constante y, a menudo, son los marcos institucionales los que deciden quién recibe reconocimiento. En nuestro proyecto, desafiamos estas normas. Los participantes no son solo interlocutores; son contrapartes epistemológicas. Esto significa que co-creamos conocimiento. No nos limitamos a recopilar datos de ellos; analizamos y teorizamos juntos.

Las perspectivas tradicionales de la antropología suelen situar al antropólogo como el único teórico, pero nuestro enfoque rompe con esto. Todas las personas involucradas, sean reconocidas o no por los estándares académicos, contribuyen por igual a la producción intelectual. Esto hace que nuestro proyecto no sea solo una exhibición de hallazgos, sino también un espacio compartido de aprendizaje y creación.

Además, los visitantes de nuestras exposiciones no son solo receptores pasivos; participan activamente, convirtiéndose en parte del diálogo en curso, potencialmente como etnógrafos ellos mismos. Esto modifica los roles tradicionales y desafía los modos habituales de investigación y producción de conocimiento antropológico. 

 «Being Borrowed: On Egyptian Migration to the Gulf» (Ser prestado: sobre la migración egipcia al Golfo), exposición en la galería Contemporary Image Collective, El Cairo, Egipto, 2022.

M: Teniendo en cuenta que este proyecto es colaborativo, ¿lo describirías también como antropología comprometida o incluso activista? No solo porque opera fuera de los muros institucionales, sino también por su enfoque en las memorias profundamente personales y a menudo ignoradas, tanto individuales como colectivas.

F: Es cierto: esto tiene elementos de antropología activista porque estamos desafiando y redefiniendo activamente las narrativas en torno a estas migraciones. Nuestro trabajo no se trata solo de relatar experiencias; busca cambiar el marco narrativo,  pasando de uno impuesto desde afuera a uno articulado y compartido desde dentro. Esto implica observar los impactos sutiles y cotidianos de la migración que no son noticia, como las relaciones con los familiares que se quedan atrás, o las transformaciones personales que no encajan en las narrativas típicas.

M: También utilizas plataformas digitales —redes sociales como YouTube e Instagram—, que rompen las barreras tradicionales de la academia. ¿Ha evolucionado la misión de tu proyecto Anthropology Bel3Araby desde ser un medio para explicar y mediar el conocimiento antropológico en árabe?

F: La misión no está escrita en piedra; surgió de una urgencia real por abordar experiencias poco exploradas y subrepresentadas, como la migración al Golfo o la presencia continua de nuestros padres allí. Este proyecto comenzó como un medio para articular y navegar por mi trabajo académico, pero evolucionó significativamente una vez que empezamos a desenterrar memorias colectivas que muchos de nosotros habíamos olvidado, memorias perdidas o distorsionadas debido a la narrativa migratoria dominada por temas como la radicalización religiosa y la migración económica. 

Al utilizar plataformas que trascienden la academia, invitamos a un público más amplio a involucrarse con la antropología de una manera accesible e inmediata. Esto es crucial porque permite que las personas, aquellas directamente afectadas por los temas que exploramos, participen en la conversación. No son solo sujetos de estudio; son co-creadores del conocimiento y la narrativa que surgen de nuestro trabajo. Por lo tanto, el proyecto se convierte en una entidad dinámica, que evoluciona constantemente a medida que interpretamos y re-interpretamos colectivamente las experiencias compartidas con nosotros.

M: Y eso es precisamente lo que hace la antropología. Nos ayuda a desarrollar empatía y a abrazar la complejidad de las experiencias humanas, donde nada es seguro y todo está matizado.

F: Exacto, y por eso es tan crucial. Tomemos el ejemplo de la figura paterna a menudo ausente; se trata de humanizar sus experiencias y comprender sus luchas. Muchos están lejos de sus familias no por elección, sino por necesidad económica. A menudo pasamos por alto los sacrificios personales que conlleva. La narrativa suele ser reduccionista, retratando a estos padres como meros cajeros automáticos que regresan a casa periódicamente sin un compromiso real, o como personas completamente transformadas por sus experiencias en el extranjero.

Este proyecto fue muy personal; fue inspirado por mi propio padre, quien ha estado en el Golfo durante más de 30 años. A pesar del tiempo, él sigue profundamente infeliz. Esta realidad —sus luchas silenciosas— me motivó a iniciar este proyecto. No es solo un ejercicio académico, sino una forma de articular lo no dicho, de sacar a la luz las realidades de aquellos como mi padre que viven entre espacios e identidades intermedias, lejos de sus familias y sin llegar a  pertenecer nunca del todo a los lugares donde trabajan. Se trata de comprender y compartir estos complejos paisajes emocionales por los que navegan a diario estos trabajadores migrantes.

M: ¿Hablaste del proyecto con tu padre? ¿Cómo reaccionó?

F: Sí, y se sintió profundamente conmovido. También teníamos un libro de visitas en la exposición, no para dejar felicitaciones, sino como un espacio para la expresión emocional. Sorprendentemente, 47 de las entradas eran mensajes para, de o sobre padres. Esto evidenció un despertar colectivo ante sus luchas silenciosas. Un mensaje que me afectó mucho fue una disculpa dirigida a un padre, que expresaba un entendimiento recién descubierto de sus experiencias.

Libro de visitas de la exposición «Being Borrowed: On Egyptian Migration to the Gulf» (Ser prestado: sobre la migración egipcia al Golfo), galería Contemporary Image Collective, El Cairo, Egipto, 2022.

M: Teniendo en cuenta que trabajas fuera de la academia, ¿te ves continuando con este tipo de proyectos, impulsados por un sentido de urgencia, sin apoyo institucional?

F: Absolutamente, aunque la sostenibilidad es algo en lo que necesito reflexionar. Esta urgencia impulsa los proyectos, y hay mucho potencial para el trabajo futuro, especialmente con el material que las personas nos aportan. Por ejemplo, hemos pensado en convertir material de archivo en cortometrajes. Colaborando con un guionista de documentales y un cineasta, nuestro objetivo es elaborar historias que reflejen las experiencias íntimas de la migración y la memoria.

El uso de materiales visuales y audiovisuales crea una conexión poderosa. No solo acerca a los espectadores a los sujetos, sino que también ayuda a desbloquear y articular memorias profundamente personales. Hay una belleza inherente en visibilizar estas experiencias cotidianas e íntimas, ofreciendo un espacio para la comprensión y la empatía que trasciende el discurso académico convencional. No solo estamos preservando recuerdos; nos involucramos activamente con estas historias, invitando a otros a verse reflejados en estas historias y, quizás, encontrar comprensión o reconciliación con ellas.

Créditos

Autora: Maya Ober es antropóloga conversa, diseñadora, editora, educadora, estudiante y activista, cuyo trabajo busca reimaginar el mundo académico y las instituciones desde una perspectiva feminista. Junto con Mio Kojima, es coeditora de Futuress, además de co-conceptualizar los proyectos Imagining-Otherwise e iniciar Feminist Curricula.

Entrevistada: Farah Hallaba es antropóloga social y etnógrafa visual. En 2019 fundó Antropología Bel3Araby (أنثروبولوجي بالعربي), una iniciativa que busca acercar la antropología al público de habla árabe de manera accesible. A través de videos en línea y talleres colaborativos, su trabajo explora temas relacionados con la clase social y las migraciones hacia los países del Golfo.

Imágenes: Farah Hallaba 

Texto original: Publicado en inglés el 29 de octubre de 2024 en Futuress, una plataforma digital donde convergen el feminismo, el diseño y la política. 

Este texto fue posible gracias a la colaboración con For Us, With Us, By Us – لنا، عنّا، معنا, comisariada por Mayar El Bakry, Noureldin Ahmed, Randa Hadi, Sherine Salla, Nada Ezzeldin y Sohaila Khaled. For Us, With Us, By Us – لنا، عنّا، معنا fue una serie de mesas redondas que puso en el centro las voces de profesionales de la cultura, explorando temas relacionados con identidades transnacionales más allá del canon occidental. El programa fue coproducido en colaboración con Archief Cairo, cifrcifrcifr y Futuress, y financiado por ProHelvetia.

Título original: “Anthropology is a way of being”. Farah Hallaba on bridging academia and community through participatory research. 

Traducción al español: Katha Eitner (Arde).

Esta publicación forma parte de una colaboración entre Arde y Futuress, un experimento editorial que busca ampliar la circulación de contenidos entre distintas lenguas y territorios. Traducimos textos del inglés al español y del español al inglés, para que estas historias resuenen en más personas y contextos. Así, algunos textos de Futuress se leen en español desde Arde, y otros de Arde se traducen al inglés para ser compartidos por Futuress.

Agradecemos a quienes generosamente comparten sus textos e imágenes para hacer posible estas traducciones.

Autor

Cómo citar este artículo

Formato APA 7

Eitner, K. (2026, 20 de julio). La antropología es una forma de ser. Arde. https://editorial.proyectoarde.org/la-antropologia-es-una-forma-de-ser/
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